¿Sabes?, a veces me gustaría tener la respuesta y solución a todo, aunque ello supongo una vida sin incertidumbres. Quizás un universo paralelo donde la respuesta a cada pregunta apareciese como un cartel iluminado sobre nuestras cabezas, sería lo más sensato, pero ¿Dónde estaría la magia de la intriga, las horas perdidas pensando en un mismo tema sin avanzar ni lo más mínimo en él?
¿Cumplirás los 18? ¿Te enamorarás en una biblioteca? ¿Será para siempre? ¿Lo que sientes ahora, es amor?. Esas miles de preguntas retóricas que inundan nuestro día a día.
La verdad es que el camino fácil no siempre es el más ansiado, ¿cómo preferir una vida sin ilusión a una completamente inundada de ella?.
Me gusta este sentimiento de que a tu lado todo puede pasar, esa bipolaridad extraña que se masifica cuando estamos la una encima de la otra sin saber cuál será nuestra próxima palabra. El ¿Qué dirá?, ¿Le habrá sentado mal? ¿Le gustará?, cada nueva situación puede ser ambigua, unas veces todo bien, otras todo mal, pero al final nuevamente, todo bien.
Lo que siento ahora, es esa fuerza imparable, esa gran felicidad que te hace soñar y te lleva a lo más alto, por ello creo que te amo, esa es la mejor parte de esta historia, porque tu felicidad me importa, y más que nada en el mundo quiero ser la causa de esa felicidad, pero si no lo soy no me quiero interponer.
Sé que por mucho que miles de autores en todo el mundo y alrededores hayan descrito el amor como solución a todo, realmente no lo es.
Hay miles de factores involucrados en este apoteosico sentimiento, del los cuáles muchos ni si quiera dependen de mi y otros tantos son inevitables, más jamás me rendiré ante ellos.
Si confío en la fuerza de las palabras es porque sé que son capaces de mover el mundo. Si confío en la fuerza de tu mirada es porque sé que es capaz de devolverme la vida después de habérmela robado.
No soy Dios y ni si quiera soy adivina, no puedo descifrar tus ganas, tus miedos o tus creencias si no recibo información adicional de antemano, pero si soy capaz de ver la ilusión en tus ojos, de encontrar mi camino por donde ellos miran y de reconocer cuando ha llegado al final del juego y cuando he perdido, más se que aún queda mucho camino y que aunque no sepamos a dónde ir, nos tenemos la una a la otra y si cogemos la senda equivocada cambiar de dirección siempre es posible.
