Al cabo de un rato salí corriendo y me adentre en el bosque, todo era siniestro e inquieto, la densa niebla me cubría los pies, sentía frío y pavor pero me sentía bien, ya que estaba segura de hacer lo correcto.
Al alzar la vista pude sentir la mas preciada soledad, mientras a malas penas divisaba a esa lejana estrella que se convertiría en mi amiga durante tantas noches...
a la mañana siguiente, él encontró mi paraguas y leyó la nota. Sorprendido pensó que lo dejé por equivocación, pero no fue así...
Al llegar a clase vio mi pupitre completamente vacío, esperó y esperó... pero nada, yo nunca llegué.
Con gran angustia volvió a su casa, pero antes de llegar pudo ver como un coche de policía llegaba con rapidez a la puerta de mi casa. Él se detuvo y muy impactado se decidió a entrar, esquivó a los guardas y llegó a mi habitación, pero allí no había nadie, bajó y vio a mis padres en la cocina, mi madre lloraba sobre la mesa, mientras mi padre intentaba hablar sobre lo acontecido, sin tener mucho que decir.
Ni si quiera preguntó que ocurría, salió corriendo y mientras unas pocas gotas se desprendían de su mirada perdida, gritaba de rabia...
Él ya sabía lo que pasaba por mi cabeza en esos momentos, pero nunca me creyó capaz.
En el instante en que todo esto ocurría yo pensaba en lo que había hecho y siempre llegaba a la misma conclusión, había causado tanto mal. Lo último que cogí antes de salir de casa fue una pistola, un calibre 45 que mi padre guardaba en el desván; no tenía pensado utilizarla, a menos que algún oso u otro animal salvaje estuviese dispuesto a atacarme. Pero son las pequeñas diferencias las que marcan el curso de las cosas, y mi vida iba cambiando por momentos así que, al final la acabé usando. Él escuchó un disparo y cambió de rumbo, se dirigió al bosque, el corazón le latía cada vez más rápido, su Velocidad superaba cualquier obstáculo. No pensaba en nada solo quería llegar, y lo hizo. Aquel lago fue nuestro espacio durante mucho tiempo y sería el lugar donde permanecería el resto de la eternidad. Al verme tendida en el suelo cerca de la orilla, comenzó a gritar, el dolor se dejaba ver en su pálido rostro. Todo acabó, y al fin y al cabo, fue como soñé; una muerte especial, para regalar mi vida, a una persona especial...






