
Fue tal vez una historia incapaz de olvidar, labios que están secos pero que aún siguen inquietos por querer besar. Te seguiré esperando, un año, un siglo, la eternidad y mantendré encendido el fuego, por si piensas venir. Naufragaré contigo y unidos conservaremos nuestro calor... Yo solía mirar más allá de las apariencias, solía buscar algo en todos que los definiese como personas. Un mínimo detalle revelador, una acción, una caricia, una palabra, un hecho. Era muy fácil mirar a través de los otros, traspasar la barrera de su piel. Era muy fácil descubrir que pensaban, porque, su apariencia, su reputación, sus circunstancias, lo decían todo. Una manera de vestir, de hablar, de reír, una actuación ante la vida. Pequeños matices que te acercaban un poco más a su cabeza, a sus deseos, a sus miedos. Aunque como en toda historia ventajista y ésta no iba a ser menos, siempre aparece un pero; en este caso, ¡fuiste tú! Sabía que llegaría el día en que conociese a alguien impenetrable, alguien a quien me fuese imposible poder observar, una persona inquietante pero a la vez dulce, un carácter sencillo y a la vez complejo, incomprendido y al mismo tiempo seguro de sí mismo. Simples adjetivos que inventé para crear una imagen personificada de alguien a quien me es imposible poder descifrar. ¿Conoces esa sensación de deseo de saber que cuando alguien despierta en tí te es imposible borrar? ¿Ese exagerado interés que recorre tu mente sin darte apenas tiempo a retomar aliento antes de seguir indagando? Pasaba la mitad del día hablando de esa persona y la otra mitad rezaba para que los demás la nombrasen y así seguir hablando. Dicho así parece una locura, aunque la verdad es que para mí, en aquel momento era simple curiosidad. Comienzas indagando sobre su persona, haciéndote amigo de sus amigos únicamente para conocerle más, después te lanzas a hablarle y poco a poco comienzas a ser parte de su vida, los cumplidos sarcásticos, las risas, los gestos, las miradas, todo se sobrevalora. Intentas evitar lo inevitable. Atentas contra tu voluntad negando lo evidente. Es simplemente escuchar su nombre y sonreír como un niño encaprichado, y acabar... Acabar de algún modo; pero hacerlo. Seguir contemplando su rostro lo más cerca que puedas, sin anécdotas inauditas, sin buenas nuevas, sin demasiado efecto; pero aún así, seguir ahí...
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