Cuan sutiles fueron aquellos gritos casi mudos que quebraron mi voz antes de permitirme decirte cuanto he fallado. A veces, cuando estoy postrada en la soledad de mi cama, siento una necesidad inmensa de acariciar tu piel, sin ánimo de lucro, pero si estas cerca, me es imposible vivir sin aguantar la respiración. Resguardar los sentidos en un cajón de esta habitación es la única forma que conozco de seguir adelante. Disfrazar el tímido rostro de una bendición desafortunada, es el día a día. Aún no te has ido y creo que no estas, ruego que no estés y sólo deseo que se esfume todo cuanto embriaga mi alma y confunde mis sentimientos. Más no hay dos sin tres, no hay piedra en el camino sin alguien que tropiece, no hay guerra sin bandos, no hay tú sin mi. Sé que todo cuanto puedo versionar con unas letras, es lo que realmente yace aquí, a pocos metros bajo tierra, quemándome, arrancándome delicadamente una tras otra cada lágrima. Sé que no me llevará demasiado tiempo reprimir la ineptitud situacional que me arrastra hasta playas desiertas con intención de mostrarme un nuevo amanecer. Mentir a través del espejo no es tan complicado como imaginé, ¿Quién ha mostrado realmente su único rostro?.
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