sábado, 25 de febrero de 2012
¡Oh, sí, nena!
No tengo que rendir cuentas a nadie de lo que digo, de lo que hago, de lo que me apetece hacer pero no hago, de lo que pienso antes de tocarme, de en quién pienso cuando lo hago, de mi vida, de mi forma de vestir, de mi pelo, de mis ganas de fiesta a todas horas, de mis borracheras infinitas, de mis vicios raros, de mis risas inoportunas, de mi puta forma de reír, de la gente con la que salgo (me gusta probar cosas nuevas), de la gente con la que no salgo (ni saldría, ni iría a la esquina de mi calle, ni si quiera abriría la puerta de mi casa), de lo que me esfuerzo para conseguir las cosas, ni de lo que me entretengo con el sonido de una mosca en una biblioteca. No tengo que dar cuentas a nadie de lo que pienso cuando te veo (ni si quiera a ti), de lo que me ponen los tacones y vestidos de las famosas en las galas de cine, de lo que me encantan las fresas, de lo que escribo cuando me aburro, de lo que sufro con las pelis de miedo, de lo que hago mientras estoy dormida, de lo que bailo cuando estoy a solas, de lo que escucho con el móvil debajo de la almohada antes de quedarme frita (cual huevo), de lo que adoro lo incorrecto y amo la imperfección, ¡oh, sí, nena!
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