domingo, 27 de marzo de 2011

¿Es posible controlar los sueños? ¿Es posible conseguir todo cuanto hay en ellos? ¿podemos conocer el límite entre lo que somos capaces de conseguir y lo que no?
No soy capaz de decir cuanto he soñado sobre ello, lo cuál ya es un paso...
Hoy quisiera soñar que puedo dejar todo lo malo atrás. Coger un pedacito de esto y una pizca de lo otro y simplemente sacarlo de mi cabeza, como si no hubiese existido jamás, como si desde el día en que nací todo hubiese sido de color rosado. Es tán simple decir todo esto, que ha veces me asusta.
Me asusta el hecho de no poder alcanzar ni una pequeña parte de todo lo que sueño, me asusta la incertidumbre, el desenfreno que evoca todo en mi cada vez que cierro los ojos, pero sobre todo me asusta, saber que algún día terminaré de soñar, sin darme apenas cuenta.

¿Poner un límite entre lo real y lo imaginado, entre fantasía y realidad? Para mí, algo impensable.
¿Cómo controlar el hecho de apoyar a uno u otro mundo?
Necesito perseguir una fantasía para considerarme una persona real, de carne y hueso que ¡No olvida soñar!

Es más sencillo de lo que parece, un material complejo, fácil de manejar. Cerrar los ojos y dejarse llevar.
Los sueños son polvo, son aire, gases, nubes, rayos, truenos, centellas. Son un helado derretido por el sol en verano, una gota de lluvia arrojada contra los cristales del autobús camino a ninguna parte, el vuelo de un pájaro que ha perdido el rumbo, el deseo incontrolable de un niño que llora por abrazar a su madre, el echar de menos las cosas buenas y malas de la vida, el inevitable escalofrío que recorre tu piel cuando notas la presencia del alguién a tu espalda; material complejo, fácil de manejar.

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