jueves, 3 de noviembre de 2011

El humo se cristalizó y lo perdimos todo

Ella soñaba con huir, escapar de Tierra de lobos, dejar atrás el miedo que paralizaba su rostro a cada paso. Muchas noches se perdía entre la luz del cielo y la oscuridad de la tierra a través de una ventana que apenas quedaba abierta un par de centímetros. Intentaba mirar lo menos posible al horizonte para no hallar una salida reprimida a lo lejos. Un burdel se convirtió en hogar, un cuerpo en felicidad y una botella en diversión. Se sentía diferente al resto, no por fuera, si no, por dentro. No se muy bien como explicar esa sensación. Es como sentir cosquillas debajo del pecho, debajo de la piel; es como vivir constantemente escribiendo un papel que no te corresponde, una actuación tras otra, sin conocer realmente la función de lo que te rodea, como si fuese humo. Quizás sepa tan bien de qué se trata, que hasta lo haya olvidado.
Podía imaginar su vida en Casa grande, su esposo y sus hijos, sus caballos, sus jardines, sus mentiras...
Solía sentir que hablar en voz alta sería el fin, no llegaba a comprender el trasfondo de su vida, solo quería vivirla sin depender de nada ni nadie. Fue entonces cuando se desató todo, cuando alzó la vista y descubrió un mundo totalmente nuevo, cuando sin apenas buscarlo se tropezó con la felicidad en forma de curvas interminables.
¡Háblame de libertad y te diré si lo eres! Ella lo era, era libertad, era humo, era todo cuanto no podemos ver ni tocar. Ardía en deseos por demostrar que todo podía cambiar con decir un par de palabras. Pretendía derrotar a su miedo y jugar al azar sin detenerse por nada pero no todo es como solemos creer. Una única persona, una única vida,insignificante en aquella época y ¡Pam!, todo cuanto posees se desmorona. Si un rostro y una mirada pueden vencer a un ejército, un beso puede hundirlo todo.
Noche tras noche escapaba, (ampliando la diminuta abertura de su ventana) hacia una calurosa cama del burdel, siempre la misma cama, siempre los mismos cuerpos, siempre las mismas caras. Un gesto, una caricia, un aliento; se dejaba llevar, confiaba, se sentía segura, pero la puerta de aquella habitación se comenzó a abrir, lentamente, sin ruido, desnudando una escena de amor irreprochable y ese humo, esa libertad, se cristalizó y lo perdieron todo...


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